martes, 8 de enero de 2013

Once again...



Once again it was raining. The stormy wind was mercilessly crashing into the century-old stemps of the abeles. A fearsome colide, a crash thundered into the nocturnal silence – one huge, strong, digne tree had hugged lovingly his neighbour, a tiny wooden house whose nylon windows were gracefully painted by the dextrous breath of the storm.
Almost instantly, a terrified scream followed, as if no one was sleeping in that miserable home. From within its icy entrails, through its broken mouth, a child emerged. Pale and skinny, it was crying and desperately calling its mother.
 No one answered but the storm. She, a fierce beast, caught its tiny body and squeezed it maternally within her lethal arms as if she was wispering to it “Don’t wory, my baby, I’m your mother now, I’ll take care of you, I promise, you won’t suffer anymore…”.
“No, let me go!”, the kid was screaming, but the loving step-mother wouldn’t listen. She kept on squeezing it, shouting to it, terrifying in her fury. She would never be a mother, she would never be able to embrasse her own beloved child. She was to be forever alone.
Realisnig her failure as a female creature, she started to cry, too. But her tears pierced like daggers the skin of the kid. Blood ran out and crimsoned the chin of the house. The kid got bluer and bluer, it couldn’t fight its inquisitor anymore. It gave up with one last silent cry that was hummed as if from its heart rather than its mouth.
-         -  Martin! Martin! – a girl cried out from within the monstrous rouins of the house.
She was pressed beneath the fallen roof of the house; in her pointless attempt to reconciliate her restless mind with the devouring coldness of the winter, she had fallen in an uneasy sleep thus she had been caught prisioner of the monsterous house.
She was fighting her way out, unconscious about the lurking torment out there. She stepped on something tender – the moment she looked down, a horrified scream deafened the storm’s shouters outside.
-        -  Mother, mother – she kept on screaming in delirium. – Mother, please, mother!
But the women could not hear her any more. Skinny, old-looking and illfull, she had died above the cadaver of her husband ; husband who’s heart could not bear the coldness and the misery and had ceased to beat in the midle of the storm.
The girl thrusted her head into the eye of the blind, glassless house in a desperate attempt to localise her little brother. Alas, his corpse had been taken away by his false, caring mother, who was now caressing its dead curls with her icy hands.
Nothing she could do – the girl got back into the monster’s stomac. She was bound to survive. In a desperate attempt to preserve her body heat, she took off the light dress of her mother’s corpse and the shirt of her father and decisively stepped out of the door.
The torment was now occupied with her new baby and wouldn’t pay attention to her. She seized her chance and ran; as fast as she could. Away, away, away out of this nightmare. Tired she was, but she could not stop, for the memoria of the monster was hounting her. She couldn’t let it get her, she couldn’t fight it all alone.
Came the dawn – the sun reappeared from beneath the clouds and omniously illuminated the fragile body of the exhausted child. It took no mercy on her, it didn’t even try to heal with its golden rays her wounds. No, it just looked at her for a second, then, too busy with his work, went on shining up there on the sky, indiferent to the human’s pain.
Three days later the girl was found by a farmer. He took her to the state’s hospital where the doctors fed her and bandaged her woulnds. Then she was sent to an orphanage where she melted her desteny with the ones of hundreds of abandoned children.
Taciturn and solitaire, she was growing up within the cruelty and the indiference of her step-mother – the state. No one wanted to adopt her for she was too old, whole eleven years-old! Often, she would think of her former family. She wouldn’t cry. In facts she was happy about them – they had been lucky that night – they were not suffering anymore, they were happily resting in their eternal dreams and could not feel the cruelty of the world.
She, she was the unlucky one. She was to continue existing, alone, abandoned, illiterate, miserable… She was to get elder, to be devoured by the worlds rules – she might get married to some drunkman in order not to be alone, she might work for him though he’d beat her every single night, she might work at the market-place (if she’d be lucky enough to gain a freezing place out there) or at the ring-road, where she’d be bound to offer herself to the foreign truckers.
Now the grief took control of her heart.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Una noche buena




Estamos a 24 de diciembre. Fuera está nevando desde hace una semana. Los vecinos del barrio son despiertos por las risas de los chicos que están jugando bajo la blanca nieve.
Apenas son las siete cuando Julia abre los ojos y de un salto se pone la ropa. Su hermanito, Martín,  ya se ha despertado y tranquilitamente la espera en su cama.
-         -  Vamos, vamos, tenemos tanto trabajo! Levántate!
Los dos niños se lanzanal salón y sacan la decoración navideña del armario.
-         - Tú pon las guirnaldas y yo voy a recortar copos de nieve, luego, juntos, vamos a adornar el abeto, ¿vale?
Los niños se ponena trabajar febrilmente. Sin darse cuenta, absortos en su misión, la manecilla del reloj enseña las doce. Su madre, soñolienta, se presenta al salón y los saluda.
- Mamá, ¿vamos a cocinar? – le pregunta Martín.
- Sí, sí, empezamos, que ya hemos tardado bastante… - contesta esta, sonrienta. – tenemos que preparar un número impar de platos diferentes. Primero pondremos los frijoles que estos tardaran todo el día en ablandar, luego haremos los sarmi (niños empanados), pero, ¿os acordáis? No se come carne esta noche, ¿verdad?
Los preparativos siguen intensamente. El abeto artificial ya esa decorado con guirnaldas, pequeños juguetes de cristal y unos cuantos cortes de papel hechos por los niños. Pequeñito, el árbol navideño parece una pequeña estrellita de alegría que ha descendido desde sus aposentos celestes para inundar de felicidad con su belleza  el salon de la familia. Las ventanas ya están cubiertos de copos de nieve, hechos de papel blanco: pequeños y más grandes, originales y no tanto,¡ pero colgados con tanto cariño y esmero! Bueno, en realidad algo exagerada la decoración, pero resultado del entusiasmo de los niños.

-        -  ¿Quién me va a ayudar a hacer los sarmi?
-          - ¡¡¡Yo, yo, yo!!!

. Los peques se sientan a la mesa y escrupolosamente se ponen a empanar en las hojas de la col agria la mezcla de arroz y aderezos. Se rellenan tambien unos cuantos pimientos y luego se pone todo al horno  por una hora y media. Habiendo preparado los sarmi, la familia se ocupa de la sopa de frijoles. En una ola de alta tensión la sopa está preparada en menos de veinte minutos. Falta solamente la torta de las suertes. Todo el mundo toma parte en la preparación: la madre prepara la masa de harina con agua, harina, bicarbonato de sodio y sal; faltan los huevos, la nata y el yogurt, pues es imprescindible que la comida sea vegetariana. Una vez formada la masa de harina, Martín se ocupa de amasarla bien, tirándola a la mesa cien veces. Luego Julia reparta las cinco suertes: el botón, el palo, el cornejito, el frijol y la moneda. Se deja la inhorneada torta a reposar y la familia pone la mesa.
Primero se barra el suelo, luego se traen mantas que se ponen al lado del abeto, sobre el suelo que estará de mesa esta noche. Finalmente se pone el mantel. ¡Empiezan los últimos preparativos!
Se pone el candelero a la ¨mesa¨, se pone la sopa de frijoles y los niños empanados.  La torta se está asando. Se ponen manzanas, nueces y naranjas, palomitas, agua potable y vino. Ya todo está casi preparado para la cena solemne.
-          - ¡Al baño! – ordena la madre. Uno tras otro todos los familiares se duchan y se ponen alguna prenda nueva (por ejemplo calcetines :) ). Se trae el regalo para la casa: cualquier cosita pequeña comprada especialmente para la fiesta y se pone a la mesa. Luego todo el mundo mete debajo del mantel su cartera que permanecerá allá hasta el día siguiente. La torta está lista y la familia se sienta a la mesa. Apagada la luz, encendidas solamente las velas, nadie puede levantarse hasta que termine la cena.
La madre va distribuyendo la torta. El primer trozo es para la cabeza de la familia. La segunda se da a Julia, la tercera a Martín. Entonces el resto se divide entre la Virgen (pediéndola que vele al hogar) y la casa. Todo el mundo se pone a buscar las suertes repartidos por Julia. El botón significa mucha ropa, el palo es el éxito, el frijol: la fecundidad (en sentido literario y figuardo :) ) , el cornejito es la salud y la moneda: el dinero. Una vez localizados, las suertitas se dejan debajo del abeto y la cena sigue en paz.
Uno tiene que probar de todos los platos. Por un momentito se instala un silencio masticadoso. Las conversaciones que siguen son triviales, comentarios etc. Después de haber comido bien, se organiza el juego Chift i tek (par e impar). Se dividen las nueces entre los comensales. El juego consiste en apostar nueces. Cuando a uno le toca, él coge unas cuantas nueces y le pregunta a su compañero ¨¿par o impar?¨. Si el compañero acierta, toma las nueces, si no, le da la misma cantidad de nueces. Gana este que logra acumular todas las nueces de sus compañeros (engañar sin que te pillen es parte del juego).
Al final de la cena, los comensales se levantan todos juntos y hacen tres vueltas alrededor de la mesa.  Sin encender la luz se encienden velas con las que todo el mundo pasa por la casa, entrando en cada una de las habitaciones e iluminándola. Se hace la sañal de la cruz tres veces. Cuano haya terminado el recorrido, se apagan las velas y se enciende la luz.
Lo que sigue es, normalmente, acostarse. La mesa sobre el suelo se deja así.
Por la noche Papá Noel entra y deja los regalos bajo el abeto. Al día siguiente los chicos los encuentran.
-         -  ¿Vamos a casa de los abuelos? – pregunta Martín.
Desde luego que sí. El 25 de diciembre, Navidad, está dedicado a los parientes. Se visita la casa de los abuelos, tíos o lo que sea, se reparten regalos, se sirven guisos de carne :) y, claro, se preparan uno tipo de dulces, llamados kolacheta que se hacen de la misma masa de harina que se utiliza para la torta navideña, pero contienen un poco de azúcar y vienen en formas diferentes y divertidas. Los tres días por las casas recorren los koledari (los que dan Navidad) e intentan entrar y cantar villancicos.
-         -  ¡Que siga nevando! ¡Vamos a jugar! – gritan los niños con los ojos llenos de alegría. Es, al fin y al cabo tiempo de reposo, de vacaciones, cuando todo el mundo se dedica a festejar.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Котките




И ето, лежа на белия диван,
а твойта муцунка закрива
                светлия екран.
По лицето ми усмивка се разлива
и носът ми в козинката ти се скрива.

Гледаш ме с очи – два фара,
а от нослето ти, о, топла пара.
С мустачки дълги гъделичкаш
и с меки лапки по гръдта ми тичкаш.

Ушите ти – изправени нагоре,
гласът ти – мед, масло и алое.
Сгушена похъркваш, замечтана;
плюшена, ме близкаш заиграна. 

*****************************

Котенце мъничко,
котенце ти!
Пак драскаш и вряскаш
в щури игри!
Котенце мъничко,
котенце ти!
Протягаш се, мъркаш
с блестящи очи.

Котенце мъничко,
котенце ти!
Не хапи, не хапи,
мен не дери.
Котенце мъничко,
котенце ти!
Не със зли, не сълзи,
в мен се гали.

Мъничко котенце,
мъничко ти!
Ах, дери, не плачи,
мене хапи...

Ех, котенце мъничко,
котенце ти!
Протягаш се, мъркаш
с изкрящи очи.
Котенце, котенце,
мъничко ти!
Пак тичаш и скачаш;
щури игри.

Котенце,
 котенце,
мъничко
 ти!
Светът ми кърви,
сърцето боли.
Но, котенце,
 котенце,
мъничко,           
Ти,
Дали, о, нали
радост раздира твойте очи...

viernes, 30 de noviembre de 2012

En otoño





Hoy la luna es preciosa. Como si fuera sacada de un cuadro de expresionistas. ¡Tan intensamente amarilla, tan redonda y matemente resplandeciente! Y este cielo a su alrededor: durante el día: ¡una mezcla fascinante de gris acero y azul celeste!, y ahora… ¡inexplicable! Diría azul turco, pero en realidad es algo muy mucho más extraño: un color oscuro, pastel, acogedor, tranquilo, hermoso… ¡Qué placer es pasear bajo sus rayos amables y cariñosos, envuelta calientitamente en mi chaqueta tipo esquimal! Sentir el viento tenue que juega con mi pelo, lo arroja fuertemente en mis ojos y me susurra su canción serena al oído!¡ Y el tiempo que hace! Frío, pero tranquilo, claro, precioso…
Pasear por las calles de Sofía en las cuatro estaciones es siempre muy mucho muchísimo diferente. Ahora, en otoño, es una experiencia… Guapa. Salgo por la mañana, el cielo está gris oscuro y las primeras sonrisas del sol iluminan tímidamente a los ciudadanos soñolientos. Paulatinamente se levanta el sol y cubre con sus rayos dorados a los árboles: una paleta de colores, desde los más oscuros y declarados por la mayoría de la gente como ¨feos¨ (negro, marrón, gris) hasta el vivo amarillo, el caliente rojo y el alegre color naranja. ¡Todo reverbera la magia solar, brilla felizmente e invita a la gente a que se una a la bella fiesta! Aun hace frío, fresco más bien, como si el viento fuera el guardia que despierte a los ciudadanos del sueño veraneal.
Es de mediodía, el sol sigue sonriente, aunque su sonrisa ya se pone algo cansada. Los árboles ya no brillan tanto, sus colores mágicos están empolvados del tráfico, del cansancio y de la indiferenca humana. Pese a todo hay algo infantil en su rostro. Algo alegre, parece un guapo iluso, cuya presencia se queda inapreciada. El guardia demuestra su severidad.
Llega la tarde, los matices entre los colores diluyen. El sol se prepara a acostarse. Se siente nostálgico; ruborizado inclina la cabeza hacia abajo, su pelo dorado angélicamente poza sus rizos sobre los cristales de las casas. ¡Paraos un ratito!, ¡decidle adiós, es tan bonito, tan triste de irse! ¡Despedíos de él!, puede que mañana no aparezca más, puede que se muera sofocado por el guardia y su compañera, la niebla. Puede que se duerma y no se despierte a tiempo y que aparezca a las dos, jadeando, nervioso, des-soñ-ol-ado. Puede que se porte mal, que se vaya rápidamente, siendo insatisfecho de la falta de atención por parte de la gente… Se ha acostado ya.
Es de noche. Tan bella, tan tranquila, tan serena, tan hermosa en su vestido pastel estrellado. ¡Y mira la cinta que tiene! Amarillo-plateada que embelleza su cintura. Cariñosa, ella propone alivio, amparo a cada uno que se siente perdido, solitario o… soñador. La naturaleza ya casi no se ve, pero uno la puede percibir a través de su canción distraída y lejana. Falta el guardia, por lo menos esta noche se ha acostado temprano, y la bella doncella florece en su palacio terrestre. Su dulce aliento infiltra serenidad en las almas torturadas de los ciudadanos. Huele a montaña, a vegetación, a pueblo…
Ay, ¡empieza a llover! Ostras, ¡por qué nunca llevo el paraguas conmigo? Me echo a correr, forcejeando con la lluvia. ¡Anda, qué fuerte es esta moza! Pero ¿qué hace? ¿me golpean sus lágrimas o me están acariciando? Deben de pegarme, porque me siento mojada hasta los huesos. Sí, de verdad, pero… ¡Qué guapo es el paisaje que me revela, los colores que se ven a la luz de las farolas! ¡Un arco iris nocturno! ¡Qué preciosidad! ¡Quien pudiera tenderse bajo la lluvia y, endormiéndose por el murmullo de su llanto, contemplar la naturaleza!
Bueno, llego a casa. Como una sopa, pero sonriente. Me preparo un té de escaramujos (¡¿Dios mío, existe una tal palabra!?) y me pego a la ventana. ¡Una sinfonía, un hechizo! Me quedo soñando, mirando por la ventanita a la naturaleza que expresa su ira. ¡Qué bonito es el otoño!